Migrantes y agentes sociales relatan sus experiencias en un acto en el que se ha puesto el acento en el papel de las redes de apoyo en su llegada a Canarias.
En San Cristóbal de La Laguna, en Tenerife el papa León XIV se ha detenido en su último día de visita a España a escuchar los testimonios de quienes trabajan por una acogida digna y por la inclusión de la población migrante que llega a Canarias en pateras y cayucos, y también de quienes han vivido esa experiencia desde el otro lado.
A esa inclusión se ha referido explícitamente el pontífice en su discurso, en el que ha destacado que La Laguna es una ciudad abierta y «sin murallas», que, más allá de las físicas, también se construyen «en la mirada, en el miedo o en la indiferencia» hacia quien llega en una patera o un cayuco.
«Naufragio silencioso» ha llamado también el papa a lo que ocurre cuando alguien «se queda solo en una ciudad, sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad». Precisamente para evitar que eso suceda se afanan las personas que han tenido la ocasión de departir con León XIV en la plaza del Cristo ante la mirada de unas 2.400 personas, muchas de ellas también migrantes.
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